Mostrando entradas con la etiqueta leche. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta leche. Mostrar todas las entradas

jueves, 9 de septiembre de 2010

La Importancia del Desayuno

Hace décadas en las zonas rurales realizaban un desayuno poco abundante antes de comenzar las tareas del campo, pero el almuerzo completaba entonces la necesidad del organismo de nutrientes y no faltaban en la pausa a media mañana embutidos, queso, huevos, pan, vino y/o aguardiente.

Hoy, sin embargo, muchas personas consideran que han desayunado tras haber tomado únicamente café, zumo o galletas... lo que dista de las recomendaciones de dieta equilibrada. Además, el almuerzo brilla por su ausencia para muchos debido a los rígidos horarios laborales, por lo que el desayuno, ese gran olvidado, se convierte en aliado para afrontar el día con el depósito lleno de glucosa, nuestro combustible energético.

Fundamental para niños en edad escolar

Un desayuno equilibrado contribuye a un reparto más armónico de las calorías a lo largo del día y proporciona, además, una ración de seguridad de muchos nutrientes especialmente importantes en el periodo escolar, época de gran crecimiento y desarrollo. Y a pesar de que uno de cada dos adultos reconoce los beneficios de un buen desayuno para comenzar adecuadamente el día, en Europa siete millones de niños acuden al colegio cada mañana sin desayunar, según el barómetro Europeo Kellogg´s del desayuno (1996-1998). Este estudio también pone de manifiesto que la alimentación que efectúan gran parte de los niños y adolescentes a primera hora de la mañana contiene un aporte calórico inferior a lo recomendado. Esto, o su propia omisión, genera un desequilibrio de sus hábitos alimentarios y, en consecuencia, de su estado nutricional.

¿Qué ocurre si no desayunamos?

Algunas de las consecuencias de saltarse el desayuno son decaimiento, falta de concentración y mal humor, debido al déficit de glucosa -nuestro principal combustible energético- que produce el ayuno. Hay que recordar que a primera hora de la mañana el organismo lleva ya entre 8 y 10 horas sin recibir ningún alimento. La falta de glucosa empuja a nuestro cuerpo a quemar otras reservas energéticas, lo que causa múltiples alteraciones en el normal funcionamiento orgánico. En edades escolares, esto condiciona el aprendizaje y acarrea un descenso del rendimiento, ya que la capacidad de locución o expresión, de memoria, de creatividad y de resolución de problemas quedan particularmente afectadas. Estas observaciones han sido verificadas tanto en niños que presentaban una alimentación equilibrada en su conjunto como en niños que presentaban una alimentación insuficiente. Por todo ello, se puede considerar que el desayuno es un hábito alimentario que llega a condicionar el estado físico, psíquico y nutricional, pero no sólo de los niños y adolescentes, sino en personas de todas las edades.

Beneficios de un buen desayuno

Diversos estudios demuestran los beneficios para la salud relacionados directamente con la toma de un desayuno equilibrado:

Mejora del estado nutricional (grado en el que nuestras necesidades de energía y nutrientes quedan cubiertas mediante los alimentos que consumimos). Tomar un buen desayuno ayuda a realizar ingestas más altas de la mayor parte de los nutrientes que el organismo precisa. Las personas que no desayunan suelen seguir una dieta de peor calidad, mientras que quienes lo hacen, suelen hacer una dieta menos grasa y más rica en fibra, vitaminas y minerales.

Grasa. Si el desayuno incluye: tostadas, pan, cereales de desayuno, galletas sencillas, etc., el consumo diario de grasa es menor. El consumo de estos alimentos contribuye a aumentar los aportes calóricos realizados a partir de los hidratos de carbono, reemplazando otros con mayor contenido graso (bollería industrial, repostería, etc.).

Fibra. Si se incluyen cereales de desayuno o panes integrales, las posibilidades de satisfacer las necesidades de fibra son mayores.

Vitaminas y minerales. El desayuno contribuye significativamente a los aportes diarios de vitaminas y minerales. Estudios realizados en población infantil en distintos países han evidenciado aportes significativamente inferiores para ciertos minerales (hierro, calcio, magnesio y cinc) y vitaminas (tiamina y piridoxina) en los que no desayunaban en comparación con los que consumían esta ración.

Control del peso. Las personas que desayunan mantienen el peso dentro de límites saludables en mayor medida que las que omiten esta ración. El hecho de repartir las calorías durante el día en 4 ó 5 comidas, ayuda a que no se sobrecargue ninguna de ellas. Esto también contribuye a evitar picar entre horas (snacks, golosinas, bollería y otros dulces, refrescos, etc.), factor muy importante a la hora de controlar el peso.

Rendimiento físico e intelectual. Las personas que omiten el desayuno ponen en marcha una serie de mecanismos en el organismo (descenso de la hormona insulina y aumento de cortisol y catecolaminas...) para mantener la glucemia (nivel de azúcar en sangre) en valores aceptables. Estos cambios hormonales alteran o condicionan la conducta e influyen negativamente en el rendimiento físico e intelectual.

¿Cómo es un desayuno equilibrado?

El desayuno debe suponer entre el 20 y el 25% de las calorías ingeridas a lo largo del día. Para que sea equilibrado, deben estar representados como mínimo los siguientes grupos de alimentos: lácteos (leche, yogur, cuajada, requesón...), frutas y cereales (pan, tostadas, cereales de desayuno, galletas...). Aparte de estos, también pueden participar otros alimentos, como derivados cárnicos y dulces, en cantidades moderadas.


Cereales. Proporcionan hidratos de carbono que aportan energía, vitaminas y minerales. Los cereales integrales aportan, además, fibra.




Lácteos. Contienen proteínas de calidad, calcio, vitaminas A y D, y vitaminas del grupo B (principalmente riboflavina o B2).




Frutas. Aportan hidratos de carbono, agua, vitaminas, minerales y fibra.




Derivados cárnicos. Jamón cocido o serrano, fiambres poco grasos (de pollo o pavo), embutidos... Contienen proteínas de calidad con función formadora (de construcción de tejidos y células) y cantidades variables de grasa con función energética.

miércoles, 5 de agosto de 2009

¿Qué nos hace comer en exceso?

LOS ANGELES, 29 de julio /PRNewswire-HISPANIC PR WIRE/ -- A la mayoría de nosotros nos gustaría creer que controlamos la cantidad de alimentos que comemos. Confiamos en nuestro organismo para que nos diga cuándo estamos llenos, y que después que hemos terminado, tengamos una idea acertada de cuánto hemos comido.

Pero eso no es cierto. "Las investigaciones nos dicen que ciertas señales sutiles en nuestro entorno pueden llevarnos a servirnos más de lo que necesitamos y a comer más de lo que deberíamos", dijo Luigi Gratton, M.D., vicepresidente de asuntos médicos de Herbalife. "Los platos más grandes -- incluso los cubiertos para servirse más grandes -- pueden ocasionar un consumo excesivo". En un experimento en el que los participantes se sirvieron helado ellos mismos(1), las personas que recibieron tazones y cucharas más grandes se sirvieron 57 por ciento más helado que los que tenían platos y cubiertos para servirse más pequeños.

Así que la cantidad que comemos por lo general se decide antes de que hayamos tomado el primer bocado. La realidad es que por lo general comemos lo que nos servimos, ya sea poco o mucho. Desde una comida muy abundante en un restaurante de comida rápida hasta una porción reducida en un restaurante de lujo, generalmente quedamos satisfechos siempre que comemos hasta el último bocado. En vez de dejar que nuestro estómago decida, permitimos que un plato vacío sea el que señale el fin de la comida.

Controlar la cantidad que uno se pone en el plato es realmente el primer paso para controlar lo que ponemos en el estómago. Pero otras señales también pueden provocar el exceso de comida. Sólo oler o ver comida -- desde el olor de pan recién horneado hasta ver "donuts" no frescas en la cafetería de la empresa -- puede estimular el deseo de comer, aunque uno no tenga hambre. Estas son algunas formas de tomar control:

-- ¡Piense en una cuchara, no en una pala! - Es un viejo truco, pero realmente funciona - el usar platos más pequeños y vasos altos y estrechos crea la ilusión de que hay más comida en el plato y más bebida en el vaso. Los cubiertos de servir más pequeños también evitan servirse mucho. Piense en una cuchara, no en una pala.

-- Porciones individuales - Al crecer el tamaño de los envases, también crecen las porciones. Esas enormes cajas de cereales a precio de ganga protegen sus finanzas, pero los estudios demuestran que se servirá mucho más cereal -hasta 20 por ciento más - que si compra un paquete de tamaño normal. Busque tamaños individuales.

-- Dulces fuera de su alcance - Busque la forma de que sea difícil consumir comidas no saludables. Es posible que no haga el esfuerzo de hornear bizcochos de chocolate cuando le apetezca comerlos, pero si tiene la versión para el microondas, tendrá que combatir constantemente el deseo. Quite la bandeja de caramelos de su escritorio y el envase de galletitas del mostrador. En su lugar, ponga un tazón de frutas.

-- Ponga variedad, pero no demasiada - Los estudios demuestran que mientras más variedad haya en su plato, más comerá - todos esos estímulos activan sus papilas gustativas. Una mezcla de frutas y verduras con bajo contenido de calorías está bien, pero cuando se enfrenta a un bufet o a una cena familiar, limítese a un par de artículos en su plato cada vez.

-- Agítelo - Pruebe un batido de proteínas para el desayuno o el almuerzo. Hecho con una cantidad determinada de leche, frutas y proteínas en polvo, es un alimento idóneo para controlar lo que se come. Agregue unos cubitos de hielo, y agítelo para incrementar el volumen sin añadir calorías. Disfrútelo en un vaso alto.

(1) Wansink, Brian, Koert van Ittersum, y James E. Painter (2006), "Ice Cream Illusions: Bowl Size, Spoon Size, and Self-Served Portion Sizes", American Journal of Preventive Medicine, 31:3 (septiembre), 240-243.